CONOCER LA HISTORIA, NO SÓLO TENER MEMORIA

Conmemoramos un nuevo aniversario de la instauración del Estado Independiente de Croacia. Es nuestra intención reivindicar el sentir nacional que hace de esta fecha la primera independencia del Estado croata, hecho histórico que contó con anclajes propios y que también sirvió como desencadenante para la tan esperada independencia en 1991.

En 2016 se cumplieron 120 años de la muerte de Ante Starčević. Es sabido por todos nosotros que Ante Starčević elaboró los fundamentos teóricos del nacionalismo croata. El programa del partido que fundó junto a Eugen Kvaternik seguía la tradición del nacionalismo del siglo XIX y era un llamado para la creación de un Estado croata independiente. En la misma línea de pensamiento, siempre cerca del pueblo croata, otro gran patriota que enarboló la bandera de la independencia fue nada menos que Stjepan Radić quien sufrió un atentado en el Parlamento en Belgrado en 1928. Este hecho cobarde y antidemocrático que lo hirió de muerte fue la antesala del recrudecimiento del régimen opresor serbio sobre el pueblo croata y también la señal más clara de una urgente independencia nacional, que no sería respondida hasta 1941.

Yugoslavia no significaba un enemigo para el mando alemán de ese año. Numerosos son los documentos que demuestran las buenas relaciones diplomáticas de la monarquía serbia con el Eje y la necesidad de este último de mantener a la región fuera del conflicto que azotaba al resto de Europa. Pero la inclusión del Reino de Yugoslavia al Pacto Tripartito para ampliar el bloque del Eje se convirtió en un trago amargo apenas dos días después de haberlo firmado: el 27 de marzo de 1941, el servicio secreto británico orquestó un golpe de Estado junto a oficiales yugoslavos de origen serbio y ambos tomaron el control de Yugoslavia. Las tropas alemanas decidieron responder lo antes posible: la invasión comenzó el 6 de abril y el armisticio se firmó el 17 de abril. Sin embargo, esto no detendría a los británicos a la hora de armar a la resistencia monarquista serbia (Četnik). La Unión Soviética haría lo mismo con los partisanos yugoslavos. Los dos extremos del espectro político se unieron a la hora de aplicar el ideal granserbio de destruir a los pueblos sojuzgados de Yugoslavia.

Ante los hechos ocurridos en Belgrado ese mismo 6 de abril, la organización revolucionaria croata Ustaša sublevó a las tropas de Čakovec y proclamó el Estado Independiente de Croacia. Dos día después, 8 de abril, las tropas marcharon hasta Bjelovar y repitieron su accionar. El ejército alemán todavía se encontraba muy lejos de esas ciudades croatas. La falta de medios de comunicación dilató la difusión y repercusión de estos sucesos. El 10 de abril los alemanes ya tenían la intención de debilitar internamente a Yugoslavia y envían a dos emisarios a contactarse con Vladko Maček, líder el Partido Campesino Croata.  No logran ponerse de acuerdo con él, pero sí con el ex coronel austrohúngaro Slavko Kvaternik, quien proclamó la instauración del Estado Independiente de Croacia en nombre del Dr. Ante Pavelić, exiliado líder del movimiento croata Ustaša. De acuerdo a los documentos oficiales alemanes, recién el 12 de abril Kvaternik pidió el reconocimiento diplomático del nuevo Estado. Los alemanes querían la situación de los Balcanes solucionada en breve para así enfocarse en su ataque a la Unión Soviética. Hasta ese momento, una yugoslavia fragmentada entre los miembros del Eje era la opción más viable, pero las acciones del pueblo croata demostraron que era más conveniente apoyar su independencia que generar un nuevo conflicto. De todas formas, esto no frenó los antiguos intereses foráneos sobre el territorio de Croacia, que se vió obligada a ceder una gran parte de Dalmacia a Italia, la más visible de muchas terribles concesiones en los años por venir. Kazimir Katalinić, historiador croata, resume estos hechos al decir que “el Estado Independiente de Croacia fue proclamado e instaurado gracias a la lucha y el esfuerzo de los croatas, pero fue reconocido por Alemania e Italia a raíz de que en ese momento coincidieron los intereses croatas no solamente con los de Alemania e Italia, sino además con los de Hungría.”

En 1945, el posicionamiento de Croacia en el bando perdedor la dejó una vez más en el lugar del “enemigo absoluto” de todas las fuerzas vencedoras, con la adición del fantasma del nazismo. Esto permitió a la nueva Yugoslavia, ahora aliada ideológicamente con el Kremlin, pero irónicamente también con un apoyo explícito de los británicos, a desplegar su maquinaria propagandística como nunca antes, reescribiendo la historia, asesinando a disidentes dentro y fuera del territorio y minimizando, cuando no ocultando, hasta las masacres más abyectas, como el Genocidio de Bleiburg y la inmensidad de fosas comunes que se siguen descubriendo hasta el día de hoy. Muchos años tuvieron que pasar para que  se pudieran combatir esos horrores que algunos todavía se empecinan en seguir negando.


Varios sucesos conectan los deseos de autodeterminación y soberanía croatas de 1941 y 1991. Mencionaré apenas algunos: En 1967 un grupo de intelectuales croatas firmó la “Declaración sobre la situación y el nombre del idioma estándar croata”, un hito importante en la preservación de nuestra identidad nacional. Esta declaración fue la génesis de la Primavera croata de 1971, que significó un reclamo de una mayor autonomía cultural, política y económica. Algunos de los exponentes de este movimiento venían hace tiempo trabajando en pos de una Croacia mejor, como el historiador Franjo Tudjman, futuro primer presidente de la República de Croacia, y el periodista Bruno Bušić, asesinado en París en 1978 por la UDBA, la policía secreta Yugoslava. Este crimen tal vez fue el más grande de los muchos cometidos a patriotas croatas fuera de su tierra.


La guerra croata de independencia de 1991 a 1995 y los hechos alrededor del 10 de abril de 1941 están íntimamente ligados entre sí. Sólo demostrando y reafirmando esta verdad histórica es cómo podemos honrar la lucha del pueblo croata desde sus orígenes hasta el día de hoy; la lucha por su existencia como nación, por su independencia de yugos foráneos, por su soberanía nacional, y por un Estado para ser libres dentro de él.


Cierto es que hoy los contextos político, social y cultural de Croacia no son los mismos, pero las amenazas que se ciernen sobre la nación croata sí lo son. Nos alegra que por fin exista un Estado croata y que se trate nada menos que de una república democrática. Esto no significa que podamos, ni mucho menos debamos, dar por sentado que todas las batallas hayan sido ganadas. Tanto dentro como fuera de Croacia existe la llamada jugonostalgija, que no es sino una idealización parcial o total de la situación económica, cultural y social en la antigua Yugoslavia comunista. Parece una broma de mal gusto, si no fuera porque se trata de una amenaza seria que debe ser analizada y combatida como tal. La repetición de mentiras propagandísticas negacionistas de la verdad histórica ya no sólo proviene de ex-funcionarios e intelectuales adictos al régimen yugoslavo titoísta, sino también de diferentes denominaciones de izquierda a nivel mundial y hasta de personas bienintencionadas, como los paneslavistas, que han comprado el relato de una Yugoslavia pacífica, plural e igualitaria. Pero aquellos que vivieron en carne propia el terror de tantos años de opresión conocieron la verdad. Verdad que dista diametralmente de ese relato lleno de mentiras y justificaciones manchadas con la sangre de los croatas. Cito a Aleksandr Solzhenitsyn, sobreviviente ruso del gulag soviético: “El reloj del comunismo ha dejado de funcionar. Sin embargo, su estructura de concreto aún no ha caído. Por esa razón, en lugar de liberarnos a nosotros mismos, debemos tratar de salvarnos de ser aplastados por sus escombros”.


Las figuras históricas que acompañaron los deseos de autodeterminación y soberanía de la nación croata pueden ser vistas de muchas maneras, pero si no logramos también observar más allá de sus acciones y omisiones, de sus aciertos y errores, perderemos de vista el objetivo que los movilizó como actores de la historia. Así es muy sencillo caer en sobre-simplificaciones, comparaciones odiosas, ostracismos y otras tantas herramientas a las que ya estamos acostumbrados a padecer los que defendemos a Croacia. Nosotros entendemos la importancia de haber aprovechado la primera oportunidad histórica de independencia, aunque esta haya sido a expensas de aquellos que perdieron la Segunda Guerra Mundial. No es nuestra intención lavar culpas, ni ensalzar figuras, ni mucho menos justificar muertes. Nosotros queremos la libertad y soberanía de la nación croata y la verdad completa de su historia por encima de sus actores. En palabras del periodista argentino Nicolás Kasanzew: “No confundir causa nacional con gobierno de turno”.


Como parte orgánica de la nación croata es nuestra responsabilidad cívica y hasta histórica que la totalidad de los hechos ocurridos alrededor de la fecha que hoy conmemoramos se dé a conocer. La verdad histórica, los hechos tal cual sucedieron. Para que esto pase, se deben superar, cuando menos, dos extremos que son moneda común: las críticas maliciosas, denigrantes, de parte de las agendas políticas contrarias a la identidad nacional croata, y las idealizaciones que ponen a los sentimientos por encima de los hechos. De nosotros también depende que esta primera independencia pase de ser una añoranza a ser un motor para seguir construyendo. Cabe recordar que desde los albores de la primavera croata, sus partícipes así lo vieron. De este modo, tras la sangrienta dictadura yugoslava, y a pesar de los asesinatos y persecuciones, el pueblo croata nuevamente luchó, se levantó contra el régimen establecido y concretó una nueva independencia. En otras palabras, el 10 de abril de 1941 fue un motor impulsor de las ideas de libertad y soberanía. Hacer un puente sobre el horror sufrido por nuestro pueblo y así rescatar sus valores primordiales es nuestro objetivo.


El sentir patriótico debe movilizarnos a la acción comunitaria en defensa de la verdad. De todos nosotros depende que ese sentimiento tan auténtico como necesario para la conservación de nuestra identidad no nos hunda en fantasías que sólo nutren los intereses de aquellos que se regodean con la inacción del resto. Sólo a través de lazos firmes, plurales y constantes con Croacia y con la diáspora croata en el resto del mundo, escuchando, aprendiendo, reflexionando y debatiendo entre todos es como podremos lograr que finalmente la verdad completa tenga lugar. Parafraseando a Ivan Oršanić, nada más peligroso que aquellos que se convencen de que no pueden hacer nada desde la distancia, de que no son importantes, de que el destino de Croacia no depende de ellos. Esta triste línea de pensamiento aleja a la diáspora de su responsabilidad histórica y mancilla la memoria de siglos de lucha. Argentina es la prueba viva de que se puede amar a más de una patria sin dejar de lado a la que nos da abrigo. Es importante recordar esto cuando las responsabilidades de amar a Croacia llaman, y no sólo cuando de reclamar derechos se trata. Como descendientes de generaciones que sufrieron regímenes totalitarios, es nuestra responsabilidad reclamar que ese dolor no haya sido en vano. En países que padecieron atrocidades similares (Polonia, Ucrania y Alemania, por mencionar algunos) ya se han llevado a cabo procesos de lo que se denomina lustracija, esto es, prevenir que elementos que fueron parte de regímenes totalitarios lo sean de la vida política y académica actuales, para así no vernos impedidos de llegar a la verdad histórica de aquellos años oscuros. Todo proceso es un continuo y debe ser visto como una batalla a ganar todos los días. Sólo nuestras acciones nos quitarán del cómodo lugar de meros herederos de derechos y nos posicionarán en el de partícipes del espíritu de una nación.


Por último, no debemos sentirnos amedrentados por quienes confunden amor a la patria con chauvinismo. Estamos orgullosos de nuestros orígenes, de nuestra identidad, y defendemos su historia. Asimismo sería necio reclamar superioridad por sobre otras naciones. Croacia ha sido históricamente no sólo lugar de tránsito sino también chivo expiatorio de otros pueblos que han querido reclamar su territorio urdiendo excusas de todo tipo. Con el paso del tiempo hemos sabido anteponer la justicia a la venganza, y nuestro carácter cívico nos impulsa a recordar lo sucedido para no pagar con la misma moneda de odio.


Quisiera, ahora sí, ceder las últimas palabras de este discurso al escritor búlgaro Tzvetan Todorov: “... una sociedad necesita conocer la Historia, no solamente tener memoria. La memoria colectiva es subjetiva: refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad; por eso puede ser utilizada por ese grupo como un medio para adquirir o reforzar una posición política. Por su parte, la Historia no se hace con un objetivo político (o si no, es una mala Historia), sino con la verdad y la justicia como únicos imperativos”.


Muchas gracias.


Ivan Cristian Jurišić